Del 18 al 19 de noviembre, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezará la delegación mexicana en la cumbre de APEC en Shenzhen, China. No será una gira protocolaria más. Con este viaje, México se integra a la troika del foro, junto a China (anfitrión en 2026) y Vietnam (2027), y se prepara para recibir en 2028 a los líderes de la cuenca del Pacífico. Es una vitrina diplomática y, sobre todo, una lección de desarrollo a la vista.

Shenzhen pasó de ser un poblado pesquero a una de las metrópolis tecnológicas más avanzadas del planeta, con puertos de clase mundial, trenes de alta velocidad, movilidad eléctrica y un denso tejido industrial. Hay un dato que pocos conocen: como recuerda el economista Luis de la Calle, parte de la inspiración de ese modelo vino de México. En los años setenta, funcionarios chinos, entre ellos el futuro presidente Jiang Zemin, estudiaron la maquila fronteriza mexicana. En 1980, Shenzhen se convirtió en zona económica especial y tomó esa base para llevarla mucho más lejos.

La diferencia no estuvo en ensamblar más barato, sino en subir en la cadena de valor. China dejó de solo cumplir pedidos y empezó a proponer diseño, materiales y tecnología a las grandes marcas. Para lograrlo, desarrolló miles de proveedores locales de insumos, maquinaria y logística. El Estado invirtió en infraestructura, energía y talento, pero dejó que empresas y regiones compitieran entre sí.

Hoy el contexto juega a favor de México. La relocalización de cadenas de suministro, la búsqueda de alternativas a China por parte de Estados Unidos, Japón, Corea y Taiwán, y las reglas de origen del T-MEC abren una oportunidad que no se repetirá pronto. La pregunta es si México seguirá ensamblando o empezará a producir los insumos estratégicos que hoy importa.

Aprovecharla exige resolver cuatro cuellos de botella:

– Talento: formación técnica y universitaria de excelencia.

– Energía: suficiente, limpia y competitiva en todo el territorio.

– Logística: carreteras seguras, más trenes y cruces fronterizos ágiles.

– Reglas claras: certidumbre para la industria exportadora, empezando por la devolución oportuna del IVA.

Shenzhen demuestra que una zona económica bien diseñada puede transformar un país en una generación. China aprendió de México hace medio siglo. Ahora le toca a México aprender de vuelta. Si la delegación regresa solo con fotografías, la visita habrá sido un viaje. Si regresa con una agenda de integración productiva, puede marcar un antes y un después.