Autor: Heriberto Zazueta Macías
Consultor en Comercio Exterior y Logística Internacional

En julio de 2026, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) enfrentará su primera gran prueba estructural: la revisión sexenal obligatoria establecida en el propio acuerdo. Más allá del aspecto técnico, este proceso se produce en medio de un contexto geopolítico explosivo, donde el comercio internacional, la seguridad regional y los intereses políticos se entrelazan como nunca antes.

En lugar de tratarse de una simple evaluación económica, la revisión del TMEC se ha transformado en una plataforma para renegociar las reglas del juego bajo un lente más político y estratégico. Desde Estados Unidos, la administración Trump ha posicionado temas como el narcotráfico, la migración y la soberanía energética como partes críticas de su visión sobre Norteamérica. No es casualidad que se haya declarado a ciertos carteles como “organizaciones terroristas” y que se hayan planteado incluso acciones militares unilaterales en territorio mexicano.

Este endurecimiento de postura viene acompañado por otros hechos geopolíticos relevantes. La reciente captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, la persistente tensión diplomática con Cuba y la presión migratoria hacia México pintan un nuevo tablero de ajedrez donde los tratados comerciales ya no operan de forma aislada. México se convierte en un actor clave, no solo como socio económico, sino como amortiguador político y logístico de los conflictos regionales.

En este contexto, el Foro Económico Mundial en Davos 2026 ha reforzado la necesidad de cadenas logísticas resilientes, comercio justo y seguridad regional. Norteamérica, como bloque, está obligada a repensar su integración no solo para ganar competitividad frente a Asia y Europa, sino también para preservar su estabilidad interna. El TMEC es la herramienta más poderosa para lograrlo… siempre que se adapte a los nuevos tiempos.

Para México, las oportunidades son tan grandes como los desafíos. El impulso al nearshoring, las inversiones en infraestructura como el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, los parques industriales inteligentes del Bajío, así como la digitalización de aduanas y zonas francas, son líneas de acción urgentes. Pero nada de esto funcionará sin una visión integral que combine comercio exterior, logística, innovación tecnológica y diplomacia estratégica.

La revisión del TMEC debe verse como un parteaguas. No para temerle, sino para prepararse y liderar. Si México logra aprovechar su posición geográfica, su fuerza manufacturera y su capacidad de innovación, podrá no solo mantener su relevancia en el tratado, sino definir el futuro de Norteamérica en las próximas dos décadas.

Hoy más que nunca, la logística y el comercio exterior requieren pensamiento sistémico, soluciones tecnológicas y voluntad política. En un mundo cada vez más fragmentado, solo los países que integren sus políticas comerciales con seguridad, sostenibilidad e inteligencia económica podrán garantizar prosperidad duradera.