Por: Heriberto Zazueta Macías
Consultor en Comercio Exterior y Logística Internacional

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) se encuentra en una coyuntura decisiva. Aunque el acuerdo fue renovado y firmado apenas en 2018-2019, su cláusula de revisión sexenal nos coloca en 2026 ante un escenario tan técnico como político. Pero más allá del procedimiento legal, el verdadero riesgo no es únicamente la salida de Estados Unidos del pacto, sino algo más profundo: que la integración comercial norteamericana se transforme en una negociación geopolítica constante.

Recientemente, reportes de Bloomberg revelaron que el presidente Donald Trump ha considerado en privado la posibilidad de abandonar el TMEC. El mismo tratado que él impulsó durante su primer mandato hoy le parece “irrelevante”. Este viraje ha convertido un proceso de revisión en un campo minado de amenazas arancelarias, presiones diplomáticas y señales contradictorias a los mercados.

El acuerdo como rehén político

La narrativa que vincula comercio con migración, seguridad nacional y hasta política de defensa no es nueva, pero sí se ha intensificado. Trump ha amenazado con:

  • Aumentar los aranceles a bienes canadienses hasta en un 100%.
  •  Aplicar tarifas especiales a aeronaves si Canadá no autoriza ciertos modelos.
  • Impedir la apertura del puente internacional Gordie Howe.
  • Castigar a México si continúa enviando petróleo a Cuba.

Es claro que el TMEC se ha convertido en herramienta de presión electoral, al servicio de una agenda nacionalista y unilateral. Y esto, sin duda, desestabiliza la previsibilidad jurídica y económica que toda empresa necesita.

¿Qué debería preocuparnos realmente?

Más allá de si Trump decide o no formalmente salir del acuerdo, el daño reputacional e incertidumbre sistémica ya están sobre la mesa. La amenaza de revisión constante o de pasar a esquemas bilaterales fragmentados desarticula lo que ha tomado tres décadas construir: una integración productiva profunda entre los tres países.

Recordemos que México y Canadá son los principales compradores de bienes estadounidenses. Pero si el equilibrio se rompe, no solo nosotros sufriremos: también la industria automotriz, aeroespacial, agroalimentaria y logística de EE.UU. se verán afectadas.

Repercusiones y recomendaciones para México

México no puede quedarse inmóvil ni dependiente del vaivén político estadounidense. Por eso, las siguientes acciones son urgentes:

1. Diversificar mercados y rutas logísticas

El nearshoring debe complementarse con una estrategia multilateral que incluya Asia, Sudamérica y Europa del Este.

2. Acelerar la digitalización aduanera

Tecnologías como blockchain, IA y sistemas predictivos deben estar integrados en los principales cruces y zonas francas.

3. Mapear el riesgo arancelario y los posibles escenarios

Desde clústers industriales hasta puertos y parques logísticos deben tener planes de respuesta ante escenarios de ruptura o renegociación dura.

Visión estratégica

Este no es un problema solo comercial. Estamos ante una posible reconfiguración del orden económico de Norteamérica, donde la estabilidad ya no será garantizada por tratados, sino por visión estratégica, resiliencia logística y diplomacia económica activa.

El comercio exterior hoy no se entiende sin una lectura geopolítica. Y en este nuevo tablero, México tiene que dejar de ser el jugador reactivo para convertirse en arquitecto de nuevas alianzas, reglas y soluciones integradas.

Porque el verdadero riesgo no es que Estados Unidos se retire del TMEC. El verdadero riesgo es que dejemos de prepararnos para el mundo que viene.