León, Guanajuato. La cocina tradicional de Guanajuato es memoria viva que se transmite entre generaciones, y una de sus representantes es Dora Isela Castro, cocinera tradicional de Celaya, cuya historia está marcada por recetas de raíz otomí, el trabajo comunitario y el aprendizaje familiar desde la infancia.
Su vocación nació cuando apenas tenía tres años, entre fogones, molcajetes y tejolotes, acompañando a su madre, tías y abuela. Aunque no podía levantar el molcajete, insistía en ayudar, dando forma a una relación temprana con la cocina que con el tiempo se convirtió en una forma de vida y de expresión afectiva.
De la cocina familiar al sustento económico
Dora Isela nunca se visualizó como cocinera tradicional profesional. Su objetivo inicial era cocinar para su familia y compartir alimentos preparados con dedicación. Sin embargo, con el paso de los años, ese conocimiento heredado se transformó en una fuente de sustento económico, permitiéndole sacar adelante a su familia y consolidar un proyecto de vida a partir de la cocina.
El contacto con el público le abrió nuevas oportunidades, fortaleció relaciones y le permitió acceder a espacios de promoción gastronómica dentro y fuera del estado.
Reconocimiento a la cocina ancestral otomí
Su talento la llevó a participar en encuentros gastronómicos nacionales. En el sexto festival gastronómico realizado en Guadalajara, Dora Isela obtuvo el primer lugar para Guanajuato, al presentar un platillo ancestral de origen otomí: el caldo capón o gallo, elaborado a base de jomjoles.
Esta receta tiene un profundo valor emocional para la cocinera, ya que evoca los recuerdos de su infancia y el aprendizaje silencioso junto a su abuela, quien preparaba el platillo sin transmitir formalmente la receta. Con el tiempo, Dora Isela logró perfeccionarla sin perder su esencia original.
Sabores cotidianos que definen a Celaya
Además del caldo capón, Dora Isela conserva recetas que forman parte de la vida diaria en su comunidad, como los chiles rellenos de tomate, preparados con chile negro o pasilla, acompañados de queso ranchero, frijoles y atole de jugo de maíz, una bebida tradicional que también se sirve con buñuelos.
Durante su participación en la Feria Estatal de León, presentó uno de los platillos más representativos de su municipio: las gorditas de tierras negras, llamadas así por un barrio tradicional de Celaya. Estas se elaboran con rellenos como queso, migajas o guisos, y se acompañan con bistec en salsa verde, chicharrón, tinga de pollo sin grasa o champiñones a la mexicana.
Identidad, tradición y memoria colectiva
Dora Isela destaca que su cocina mantiene el sabor auténtico, el respeto por los ingredientes y el valor del trabajo diario. Cada platillo refleja la herencia familiar, la identidad comunitaria y la riqueza cultural de Celaya, más allá de la cajeta que distingue al municipio.
Su historia representa a muchas mujeres que han encontrado en la cocina tradicional una vía para preservar la memoria de sus familias, generar bienestar económico y compartir con orgullo los sabores que dan identidad a Guanajuato.




