Por: Heriberto Zazueta. Consultor en Negocios Internacionales.
Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán, el orden energético global entró en zona de turbulencia real. El petróleo Brent está llegando a rozar los 120 dólares por barril en cuestión de días, niveles que no se veían desde que Rusia invadió Ucrania en 2022. El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo mundial y el 30% del gas natural licuado, quedó prácticamente paralizado. La compañía naviera Maersk y otras navieras suspendieron rutas. Arabia Saudita, Emiratos, Iraq y Kuwait tuvieron que detener embarques que suman al menos 140 millones de barriles acumulados. Para México, que importa diesel y gasolinas refinadas, eso no es noticia de otro continente: es presión directa en la bomba de combustible y en el flete que mueve mercancía por toda la región.
Y mientras el Medio Oriente arde, Rusia observa con calculada satisfacción. El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, lo dijo sin rodeos ante los embajadores de la UE esta semana: Rusia es el único ganador de esta guerra. Antes del conflicto, Moscú vendía su crudo con descuentos de 10 a 13 dólares por barril bajo la presión de las sanciones. Ahora lo vende con prima de 4 a 5 dólares. Putin salió a ofrecerle gas y petróleo a Europa con toda la calma del que sabe que tiene la sartén por el mango.
¿Y Ucrania? Sigue ahí, resistiendo, pero con menos cámaras encima. Zelensky hizo algo notable para recordarle al mundo que su guerra no terminó: ofreció drones interceptores ucranianos —los mismos que desarrollaron para derribar los Shahed iraníes que Rusia usó contra sus propias ciudades— a los países del Golfo. Es el tipo de ironía que no se inventa.
Para el México, la pregunta concreta es cuánto de todo esto va a llegar a la cadena productiva. La respuesta incómoda: ya está llegando. El FMI calcula que cada 10% de alza en el precio del petróleo genera 0.4 puntos de inflación adicional y 0.15% menos de crecimiento económico. Si el crudo se sostiene cerca de los 100 dólares — que es el escenario conservador — el golpe inflacionario va a presionar el transporte, los insumos industriales y los precios al consumidor.
Guanajuato exporta manufactura automotriz, alimentos procesados, calzado. Todo eso se mueve en camiones y barcos que consumen hidrocarburos.
Hay una pregunta que pocas empresas de la región se están haciendo todavía: si el mapa energético y comercial global se fragmenta en bloques con reglas distintas, ¿dónde queda el Bajío? No para angustiarse. Para saber dónde están parados antes de que alguien más decida por nosotros.




