Por: Heriberto Zazueta, Asesor y consultor e Negocios Internacionales.
La publicación y presentación el día de ayer 9 de marzo sobre informe de la Secretaría de Economía en lo que respecta a las consultas para la revisión del T-MEC no es un trámite administrativo más; es la radiografía de un sistema nervioso económico que late a un ritmo de 1.8 millones de dólares por minuto. A tres días de su presentación, el mensaje de los sectores productivos y las entidades federativas es inequívoco: el tratado ha dejado de ser un simple acuerdo arancelario para convertirse en la arquitectura institucional que sostiene la realidad productiva de América del Norte.
El reporte arroja cifras que deberían silenciar cualquier retórica proteccionista. El 83% de los participantes califica el impacto del tratado como positivo o muy positivo. No es para menos. Hemos pasado de un intercambio comercial inercial a una integración donde el 40% del valor de las exportaciones mexicanas a EE. UU. incorpora contenido estadounidense. Esta cifra es el argumento definitivo contra el mito del superávit comercial como un “juego de suma cero”:
México no solo vende; México procesa y devuelve valor a la economía de sus socios. Sin embargo, el análisis estratégico nos obliga a mirar las costuras de esta integración. El informe revela una geografía económica fragmentada. Mientras el Norte y el Bajío operan bajo una lógica de eficiencia just-in-time y manufactura avanzada , estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero ven el T-MEC como una oportunidad aún incipiente, frenada por brechas estructurales en infraestructura y capacidades logísticas. Para estos estados, el reto no es el texto del tratado, sino la política interna que les permita subirse al tren del nearshoring.
Los “Puntos de Fricción” en la Mesa de Revisión, de cara a la revisión de julio de 2026, los sectores industriales han marcado sus “líneas rojas”. El tema central, como era de esperarse, son las Reglas de Origen (RO). Existe un consenso técnico sólido: endurecer el Valor de Contenido Regional (VCR) en sectores críticos como el automotriz o el aeroespacial sería un error estratégico que solo beneficiaría a los competidores asiáticos. La flexibilidad es la moneda de cambio para mantener la competitividad global del bloque.
Paralelamente, surge una preocupación legítima por la competencia desleal y la triangulación. Sectores como el acero, aluminio y químicos exigen una postura regional coordinada —incluso con aranceles espejo para terceros países— que proteja la integridad del mercado norteamericano frente a subsidios extranjeros.
Hacia una Agenda Ofensiva:
Más allá de los Aranceles, lo más rescatable de estas mesas de trabajo es la transición de una postura defensiva a una agenda ofensiva. México tiene la oportunidad de liderar la modernización del acuerdo en áreas donde la competitividad del siglo XXI se define realmente: Ventanilla Única Trilateral: La digitalización del comercio no es un lujo, es una urgencia. Los participantes demandan la interoperabilidad de procesos aduaneros (VUCEM) para reducir los tiempos y costos que hoy asfixian a las PyMES.Movilidad Laboral y Talento: La escasez de personal técnico especializado es el nuevo cuello de botella de la industria.
México debe proponer un esquema de reconocimiento trilateral de competencias que permita que el talento fluya tan libremente como los componentes electrónicos. Sostenibilidad y Energía: No habrá relocalización exitosa sin energía limpia, estable y asequible. La convergencia hacia estándares ambientales comunes y una matriz energética verde es el pasaporte necesario para que los productos regionales sigan accediendo a mercados de alto valor.
Conclusión:
El informe de la Secretaría de Economía nos dice que el T-MEC funciona, pero también nos advierte que su éxito futuro depende de corregir las asimetrías en la aplicación de las reglas. No podemos permitir que instrumentos como el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida se utilicen como barreras comerciales disfrazadas o que medidas unilaterales bajo la Sección 232 sigan distorsionando la certidumbre jurídica .La revisión de 2026 debe entenderse como un ejercicio de sintonía fina, no de demolición.
México llega a este proceso con una posición informada, sustentada en la realidad de sus empresas y territorios. El mensaje para nuestros socios en Washington y Ottawa es claro: la prosperidad de América del Norte es una construcción trilateral. Si fragmentamos el entramado productivo con decisiones políticas miopes, todos perdemos.
Es momento de pasar de la integración inercial a una orquestación estratégica donde cada región del país, desde Tijuana hasta Tapachula, sea capaz de capitalizar la mayor plataforma comercial del mundo. El reporte está sobre la mesa; ahora toca a la diplomacia comercial transformar estos hallazgos en certezas para la próxima década.
Hoy vivimos momentos sumamente complejos, pero hemos sido desde el inicio del aquel TLACAN, hasta ahora muy estratégicos para sacar una ventaja comercial y de posición geoestratégica.




