Por: Heriberto Zazueta. Consultor en negocios internacionales

Como analista de la integración económica de Norteamérica, observo con una mezcla de fascinación estratégica y profunda preocupación el panorama que se avecina. En julio de 2026, México, Estados Unidos y Canadá deberán activar la cláusula de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), conocida como Sunset Clause. Lo que en su diseño original pretendía ser una evaluación técnica de desempeño, hoy se perfila como una renegociación compleja, multidimensional y altamente politizada.

Ya no vivimos en el orden comercial predecible de los años noventa. El sistema internacional basado en reglas se encuentra tensionado por dinámicas geopolíticas, rivalidades tecnológicas y una creciente instrumentalización del comercio como herramienta de presión política. El eventual retorno de Donald Trump al centro del poder estadounidense reintroduce un riesgo claro: el uso de aranceles como mecanismo de coerción en temas que trascienden lo comercial —migración, seguridad fronteriza, tráfico de fentanilo y competencia estratégica con China.

La utilización de instrumentos como la IEEPA (Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional) y la Sección 232 por motivos de “seguridad nacional” ha demostrado que la Casa Blanca puede imponer aranceles de forma unilateral. Esto nos coloca ante un escenario que algunos expertos ya denominan el “T-MEC zombi”: un tratado que formalmente sigue vigente, pero cuya esencia —la certidumbre jurídica y comercial— queda erosionada por amenazas arancelarias constantes.

Los cuatro frentes de presión estadounidense

Desde una perspectiva estratégica, debemos asumir que todo estará sobre la mesa. Estados Unidos probablemente presionará en cuatro ejes clave:

1. Reglas de origen más estrictas

Particularmente en el sector automotriz, se buscará aumentar el contenido regional para asegurar que el valor agregado y los empleos permanezcan en territorio estadounidense.

2. Blindaje frente a China

Washington ve con preocupación que empresas chinas utilicen a México como plataforma exportadora hacia EE.UU. Se exigirán mecanismos de trazabilidad, verificación de origen y controles más rigurosos en cadenas de suministro.

3. Certidumbre jurídica e inversión

La reciente reforma judicial en México será observada con lupa. Se buscarán garantías adicionales de protección a la inversión extranjera.

4. Barreras no arancelarias

Persisten disputas en energía, telecomunicaciones y biotecnología agrícola, particularmente el caso del maíz genéticamente modificado.

El 90% del resultado depende de México

Sin embargo, sería un error atribuir todos los riesgos a factores externos. El verdadero margen de maniobra está en casa.

Si México quiere capitalizar el nearshoring y cumplir con reglas de origen más exigentes sin sacrificar competitividad, debe fortalecer cuatro pilares estructurales:
1. Energía limpia, suficiente y competitiva.
2. Infraestructura logística moderna y eficiente.
3. Estado de derecho sólido y predecible.
4. Talento humano especializado en manufactura avanzada y tecnología.

La actual política energética —particularmente la Ley de la Industria Eléctrica— genera tensiones con compromisos ambientales del tratado. Si no resolvemos estas inconsistencias regulatorias, debilitamos nuestra posición negociadora.

Tres conclusiones estratégicas

1️⃣ Evitar la trampa arancelaria

La prioridad inmediata no es 2026, sino asegurar una exclusión formal y por escrito de aranceles punitivos para cualquier producto que cumpla con las reglas del T-MEC. Si logramos blindar esta garantía, la revisión se vuelve manejable.

2️⃣ Coordinación con Canadá

Existe el riesgo de una fragmentación trilateral hacia acuerdos bilaterales asimétricos. México debe coordinarse estratégicamente con Canadá para preservar la lógica del bloque y aumentar el poder de negociación colectivo.

3️⃣ Prepararse para la prórroga incierta

Existe una probabilidad considerable de que en julio de 2026 no se alcance consenso para extender el tratado por 16 años. En ese caso, el acuerdo entraría en revisiones anuales hasta 2036, manteniendo una incertidumbre prolongada.

🌎 Reflexión final: de la reacción a la estrategia

La integración productiva de Norteamérica es tan profunda que desmontarla tendría costos económicos severos incluso para Estados Unidos. Pero México no puede depender de la racionalidad económica de otros.

Nuestra mejor ficha de negociación no es la sumisión ni la confrontación retórica, sino convertirnos en un socio estratégicamente indispensable. Eso implica construir una política industrial moderna, digital y sostenible que eleve nuestra competitividad global.

La revisión de 2026 no será simplemente una discusión comercial; será una prueba de madurez institucional, visión estratégica y liderazgo económico.

México tiene dos opciones: administrar la incertidumbre… o transformarla en ventaja competitiva.